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Neuromodulación percutánea ecoguiada y bursitis subacromial: ¿qué dice la evidencia científica?
- 3 de septiembre de 2026
- Publicado por: NMP
- Categoría: Electrólisis Percutánea Neuromodulación percutánea
La bursitis subacromial es uno de los diagnósticos utilizados con mayor frecuencia para explicar el dolor de hombro. Cuando una ecografía muestra engrosamiento o líquido en la bursa, es habitual que tanto el paciente como el profesional se pregunten qué intervención puede acelerar su recuperación.
Entre las opciones empleadas en fisioterapia invasiva se encuentra la neuromodulación percutánea ecoguiada. La técnica puede resultar interesante por su capacidad para actuar sobre el sistema nervioso periférico y modular el dolor. Sin embargo, conviene distinguir dos preguntas que no significan exactamente lo mismo:
- ¿Puede ayudar a reducir el dolor y facilitar la recuperación funcional?
- ¿Puede disminuir directamente la inflamación o acelerar la recuperación biológica de la bursa?
La evidencia científica disponible permite responder con mayor seguridad a la primera cuestión que a la segunda. La neuromodulación podría ofrecer una mejoría analgésica temporal en determinados pacientes, pero actualmente no se ha demostrado que reduzca directamente el líquido, el engrosamiento o la inflamación de la bursa subacromial.
¿Qué es la bursa subacromial?
La bursa subacromial-subdeltoidea es una estructura que facilita el deslizamiento entre los tejidos situados en la región superior del hombro. Su comportamiento puede alterarse en presencia de sobrecarga, cambios en el manguito rotador, traumatismos, procesos inflamatorios u otras condiciones clínicas.
Cuando la bursa presenta engrosamiento, líquido o signos compatibles con irritación, se emplea habitualmente el término bursitis subacromial. No obstante, identificar una alteración ecográfica no demuestra automáticamente que la bursa sea la única responsable del dolor.
Los síntomas del hombro pueden estar relacionados con múltiples factores:
- Capacidad del manguito rotador.
- Tendinopatía del supraespinoso u otros tendones.
- Exposición reciente a cargas elevadas o poco habituales.
- Déficit de fuerza o control motor.
- Alteraciones en la movilidad.
- Sensibilidad del sistema nervioso.
- Calidad del sueño, expectativas y otros factores contextuales.
Por este motivo, en la literatura científica se utiliza con frecuencia el término síndrome de dolor subacromial, una denominación clínica más amplia que evita atribuir todos los síntomas a una única estructura.

De “bursitis” a síndrome de dolor subacromial
Hablar de síndrome de dolor subacromial no significa que la bursa carezca de importancia. Significa reconocer que el cuadro suele ser más complejo que una inflamación aislada.
Una bursa reactiva puede coexistir con una tendinopatía del manguito rotador, una reducción de la tolerancia a la carga o una respuesta de protección mantenida. Además, la relación entre los hallazgos de imagen y los síntomas no siempre es directa: pueden existir cambios ecográficos sin dolor y dolor sin alteraciones estructurales claramente identificables.
Esta distinción condiciona el tratamiento. Si se interpreta el problema exclusivamente como una bolsa inflamada, el objetivo será “desinflamar” la estructura. Si se entiende como un cuadro multifactorial, la intervención también deberá recuperar fuerza, movimiento, confianza y tolerancia a las actividades que provocan síntomas.
¿Qué es la neuromodulación percutánea ecoguiada?
La neuromodulación percutánea consiste en aplicar una corriente eléctrica mediante una aguja situada cerca de una estructura nerviosa periférica. En el abordaje del hombro pueden seleccionarse, según la valoración clínica y el objetivo terapéutico, estructuras como el nervio supraescapular o el nervio axilar.
La guía ecográfica permite visualizar el recorrido del nervio, controlar la posición de la aguja y proteger estructuras anatómicas sensibles. La ecografía mejora la precisión y la seguridad de la intervención, aunque una aplicación técnicamente precisa no garantiza por sí misma un resultado clínico superior.
El propósito principal de la neuromodulación no es introducir un medicamento ni aplicar corriente directamente sobre la bursa. Su objetivo es influir en la excitabilidad y respuesta del sistema neuromuscular, buscando modular el dolor y facilitar una mejor participación en el movimiento y el ejercicio.

¿Cómo podría ayudar en el dolor subacromial?
La neuromodulación puede actuar como una herramienta analgésica dentro de un tratamiento más amplio. Al estimular una estructura nerviosa periférica se pretende modificar temporalmente la transmisión y el procesamiento de la información nociceptiva.
En la práctica, una reducción del dolor podría permitir al paciente:
- Mover el hombro con menos protección.
- Realizar el ejercicio con mayor tolerancia.
- Recuperar progresivamente la fuerza.
- Mejorar la confianza en el movimiento.
- Retomar determinadas actividades con una exposición controlada.
Este posible beneficio no implica que la técnica haya reparado la bursa. Modular el dolor y modificar el estado biológico de un tejido son objetivos diferentes.
La disminución de los síntomas puede ser clínicamente útil si se aprovecha para avanzar en la rehabilitación. Si la intervención se aplica de forma aislada, sin modificar las cargas ni recuperar la capacidad del hombro, su efecto puede ser insuficiente o transitorio.
¿Qué ha encontrado el principal ensayo clínico?
Uno de los estudios más relevantes es el ensayo clínico aleatorizado publicado por Valenzuela-Rios y colaboradores en 2024. Participaron 60 pacientes con síndrome de dolor subacromial, distribuidos en tres grupos:
- Ejercicio terapéutico.
- Ejercicio más neuromodulación percutánea ecoguiada.
- Ejercicio más neuromodulación placebo.
Todos los participantes realizaron un programa de ejercicio dos veces al día durante tres semanas. El grupo de intervención recibió cuatro sesiones de estimulación percutánea dirigidas a los nervios axilar y supraescapular.
Los pacientes que recibieron ejercicio y neuromodulación experimentaron una reducción adicional del dolor al mes de aproximadamente 1,2–1,3 puntos frente al ejercicio aislado y la intervención simulada.
Sin embargo, el estudio no encontró diferencias relevantes entre grupos en la discapacidad del miembro superior, la ansiedad, los síntomas depresivos o la calidad del sueño. Tampoco observó una superioridad mantenida de la neuromodulación en el seguimiento a tres meses.
Por tanto, el ensayo sugiere un posible beneficio analgésico a corto plazo, pero no demuestra que añadir cuatro sesiones de neuromodulación produzca una recuperación funcional superior y duradera.
¿La neuromodulación cura la bursitis?
Con la evidencia disponible, no es correcto afirmar que la neuromodulación percutánea cure la bursitis subacromial.
Los estudios clínicos se han centrado principalmente en variables como:
- Intensidad del dolor.
- Discapacidad.
- Función del hombro.
- Variables psicológicas.
- Calidad del sueño.
No han demostrado de manera consistente una reducción del grosor de la bursa, del líquido o de los signos ecográficos relacionados con su irritación. Tampoco se ha establecido que la estimulación de los nervios supraescapular y axilar modifique directamente el proceso biológico de la bursa.
Esto no significa que la técnica no pueda ayudar a una persona que presenta una bursa reactiva. Significa que su utilidad probable se encuentra en la modulación de los síntomas y la facilitación del proceso de rehabilitación, no en una supuesta acción regeneradora directa sobre la bursa.
La diferencia entre aliviar el dolor y acelerar la recuperación
Esta diferencia es fundamental para interpretar correctamente cualquier intervención analgésica.
Una persona puede experimentar menos dolor sin que la imagen ecográfica haya cambiado. También puede presentar una mejoría funcional importante mientras persisten determinadas alteraciones estructurales. De la misma forma, una bursa puede reducir su reactividad sin que el paciente haya recuperado todavía la fuerza necesaria para volver a sus actividades.
Por ello, el éxito del tratamiento no debería valorarse únicamente por la intensidad del dolor ni por la imagen ecográfica. También es necesario analizar:
- Movimiento y rango articular.
- Fuerza y resistencia del hombro.
- Tolerancia a la carga.
- Capacidad para trabajar, entrenar o dormir.
- Confianza del paciente.
- Evolución de las actividades que inicialmente estaban limitadas.
La neuromodulación puede contribuir a mejorar alguno de estos componentes de manera indirecta si permite trabajar con menos dolor, pero no sustituye las adaptaciones producidas por el ejercicio.
¿Cuál debe ser la base del tratamiento?
En la mayoría de los cuadros de dolor subacromial, el tratamiento conservador debe abordar la función completa del hombro y no únicamente la bursa.
Sus componentes pueden incluir:
1. Educación y comprensión del problema
El paciente necesita entender que un hallazgo ecográfico no equivale necesariamente a daño progresivo ni exige dejar de mover el brazo. Una explicación adecuada puede reducir el miedo y mejorar la adherencia al tratamiento.
2. Gestión temporal de las cargas
No siempre es necesario eliminar todas las actividades dolorosas. Puede ser suficiente ajustar temporalmente su volumen, intensidad, frecuencia o rango, manteniendo el mayor nivel de actividad tolerable.
3. Ejercicio terapéutico progresivo
El objetivo es recuperar la capacidad del manguito rotador, la musculatura escapular y el conjunto del miembro superior. La selección del ejercicio debe adaptarse a los síntomas, las demandas y la evolución del paciente.
4. Recuperación de la función específica
La rehabilitación debe progresar hacia las tareas reales que la persona necesita: levantar peso, trabajar por encima de la cabeza, practicar deporte, cuidar a un familiar o dormir sobre el hombro.
5. Técnicas complementarias cuando estén indicadas
La neuromodulación y otras intervenciones pueden utilizarse si existe un objetivo clínico concreto, especialmente cuando el dolor limita el movimiento o dificulta la progresión del ejercicio.
¿Cuándo podría plantearse la neuromodulación?
No existe una regla universal, pero podría considerarse cuando:
- El dolor limita de forma importante la participación en el ejercicio.
- Existe una elevada sensibilidad que dificulta la progresión de la carga.
- La exploración sugiere que la intervención sobre una estructura nerviosa puede tener valor clínico.
- Se plantea como una ayuda temporal dentro de un programa activo.
- Se han definido medidas para valorar objetivamente su utilidad.
Antes de aplicarla, el profesional debería tener claro qué cambio espera obtener y cómo ese cambio permitirá avanzar en la recuperación. La indicación no debería basarse únicamente en la presencia de líquido en la bursa.
Limitaciones de la evidencia actual
Aunque el ensayo de 2024 aporta información relevante, la evidencia específica continúa siendo limitada:
- Solo existe un número reducido de ensayos sobre neuromodulación percutánea y dolor subacromial.
- Las muestras son relativamente pequeñas.
- Los estudios utilizan diagnósticos clínicos amplios y no bursitis aislada confirmada como única fuente de síntomas.
- Los protocolos pueden variar en nervio seleccionado, intensidad, frecuencia y número de sesiones.
- La mejoría del dolor no siempre se acompaña de una diferencia funcional clínicamente relevante.
- Faltan estudios que evalúen cambios ecográficos de la bursa.
- No está claramente definido qué perfil de paciente puede responder mejor.
Por estas razones, no es posible recomendar la técnica como tratamiento estándar destinado a resolver cualquier bursitis subacromial.
Seguridad y aplicación ecoguiada
La neuromodulación percutánea es una técnica invasiva. Debe realizarla un profesional sanitario con formación específica, competencias dentro de su marco profesional y conocimiento detallado de la anatomía y la ecografía.
La aplicación requiere medidas de higiene y asepsia, revisión de contraindicaciones y una adecuada selección del paciente. Pueden aparecer molestias durante la intervención, dolor posterior, pequeñas hemorragias o hematomas.
La guía ecográfica permite controlar la trayectoria de la aguja y aumentar la seguridad alrededor de nervios, vasos y otras estructuras. Aun así, el riesgo no desaparece por completo y la decisión debe basarse en una relación beneficio-riesgo individual.
Conclusión: ¿puede ayudar en la recuperación?
La neuromodulación percutánea ecoguiada puede ayudar a reducir el dolor a corto plazo en algunos pacientes con síndrome de dolor subacromial, especialmente como complemento de un programa de ejercicio.
Sin embargo, actualmente no existe evidencia suficiente para afirmar que:
- Cure directamente la bursitis.
- Reduzca la inflamación o el líquido de la bursa.
- Acelere su recuperación biológica.
- Produzca por sí sola una mejora funcional superior a medio y largo plazo.
Su papel más razonable es el de una herramienta complementaria orientada a modular el dolor y facilitar el movimiento. La recuperación debe apoyarse en una valoración individual, la gestión de las cargas y un programa progresivo que permita al hombro recuperar la capacidad necesaria para las actividades del paciente.
En definitiva, no tratamos únicamente una imagen ecográfica ni una estructura aislada: tratamos a una persona que necesita volver a moverse, trabajar y realizar sus actividades con confianza.
Bibliografía
- Valenzuela-Rios C, Arias-Buría JL, Rodríguez-Jiménez J, Palacios-Ceña M, Fernández-de-las-Peñas C. Effects of Adding Four Sessions of Ultrasound-Guided Percutaneous Electrical Nerve Stimulation to an Exercise Program in Patients with Shoulder Pain: A Randomized Controlled Trial. Journal of Clinical Medicine. 2024;13.
- Tortora S, Messina C, Gitto S, Chianca V, Serpi F, Gambino A, et al. Ultrasound-Guided Musculoskeletal Interventional Procedures Around the Shoulder. Journal of Ultrasonography. 2021;21–e168.
- Parikh S, Echevarria A, Cemenski BR, Small T. The Relevance of Implanted Percutaneous Electrical Nerve Stimulation in Orthopedics Surgery: A Systematic Review. Journal of Clinical Medicine. 2024;13.
Nota: Este artículo tiene una finalidad divulgativa y formativa. No sustituye una valoración sanitaria individual. La indicación de una técnica invasiva debe realizarla un profesional cualificado tras valorar el cuadro clínico, los objetivos y las posibles contraindicaciones.
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