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Ecografía y dolor lumbar: ¿puede identificar la estructura que causa los síntomas?
- 10 de septiembre de 2026
- Publicado por: NMP
- Categoría: Ecografía
La ecografía musculoesquelética permite observar estructuras en tiempo real, realizar mediciones y estudiar cómo se comportan determinados tejidos durante el movimiento. Su utilización ha crecido dentro de la fisioterapia y la medicina musculoesquelética, también en la valoración de pacientes con dolor lumbar.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre visualizar o medir una estructura e identificar la causa del dolor. Una medición puede ser técnicamente fiable y, aun así, no tener suficiente capacidad para determinar por qué una persona presenta síntomas.
La evidencia actual sitúa la ecografía como una herramienta útil para valorar la morfología y función de la musculatura lumbopélvica, ofrecer biofeedback, monitorizar cambios y guiar determinadas intervenciones. No obstante, su capacidad para diagnosticar una hernia discal, confirmar un origen facetario o sacroilíaco, descartar una radiculopatía o atribuir el dolor a un músculo concreto es limitada.
¿Qué significa diagnosticar el origen del dolor lumbar?
El diagnóstico del dolor lumbar no consiste únicamente en encontrar una alteración anatómica. Para considerar que una estructura es responsable de los síntomas sería necesario demostrar una relación suficientemente sólida entre el hallazgo, la presentación clínica y la evolución del paciente.
En la mayoría de las personas no puede identificarse con seguridad una única estructura causante. Por eso, gran parte de los casos se clasifican como dolor lumbar inespecífico. Este término no significa que el dolor sea imaginario ni que no exista una explicación. Indica que no hay una patología específica claramente demostrable —como una fractura, infección, tumor o compresión nerviosa grave— que explique por sí sola el cuadro.
El dolor lumbar puede estar influido por múltiples componentes:
- Exposición y tolerancia a las cargas.
- Capacidad muscular.
- Movimiento y coordinación.
- Sensibilidad del sistema nervioso.
- Sueño, estrés y recuperación.
- Contexto laboral y deportivo.
- Experiencias previas y expectativas.
- Alteraciones estructurales que pueden o no estar relacionadas con los síntomas.
Una prueba de imagen debe interpretarse dentro de este contexto, no como una respuesta aislada.
¿Qué estructuras permite valorar la ecografía lumbar?
La ecografía es especialmente útil para estudiar estructuras musculares y tejidos blandos relativamente superficiales. En la región lumbopélvica puede utilizarse para valorar:
- Multífido lumbar.
- Erectores espinales.
- Transverso del abdomen.
- Oblicuos interno y externo.
- Recto abdominal.
- Fascia toracolumbar.
- Tejido subcutáneo.
- Algunas estructuras ligamentosas y referencias articulares superficiales.
Dependiendo del equipo y la modalidad, permite analizar:
- Grosor muscular.
- Área de sección transversal.
- Simetría entre ambos lados.
- Cambio de grosor durante la contracción.
- Ecogenicidad y textura.
- Deslizamiento entre tejidos.
- Rigidez mediante elastografía.
- Vascularización mediante Doppler.
Una de sus principales ventajas es la valoración dinámica. A diferencia de una imagen estática, puede mostrar cómo cambia un músculo durante la respiración, una contracción voluntaria, el movimiento de una extremidad o una tarea funcional.

¿Son fiables las mediciones ecográficas?
En términos generales, sí. Diferentes estudios han encontrado una fiabilidad entre buena y excelente para medir el grosor del multífido y de la musculatura lateral del abdomen.
Una revisión sistemática y metaanálisis sobre la musculatura abdominal lateral encontró valores de fiabilidad buenos o excelentes en personas sanas y con dolor lumbar. No obstante, los protocolos variaban en la posición del paciente, la localización del transductor, la experiencia del examinador y el método de medición.
La estandarización es esencial. Para comparar resultados deben mantenerse, en la medida de lo posible:
- La misma posición del paciente.
- El mismo nivel vertebral.
- La colocación y orientación del transductor.
- Una presión similar sobre el tejido.
- La misma tarea o contracción.
- El mismo criterio para delimitar la estructura.
- Preferiblemente, el mismo examinador.
La ecografía tridimensional también ha mostrado una correlación moderada-buena con la resonancia magnética al medir el volumen del multífido. Sin embargo, puede proporcionar valores sistemáticamente inferiores y su procesamiento depende del protocolo y la experiencia.
Por tanto, la ecografía puede medir determinadas variables con precisión suficiente, pero esto no resuelve automáticamente su significado clínico.
Medir con fiabilidad no equivale a diagnosticar
Esta es la idea central para interpretar correctamente la ecografía lumbar.
Imaginemos que dos profesionales obtienen prácticamente el mismo grosor del multífido. La medición sería reproducible. Pero para convertir ese dato en una prueba diagnóstica necesitaríamos saber:
- Qué valores se consideran normales para esa persona.
- Qué influencia tienen la edad, el sexo, el tamaño corporal y el nivel de actividad.
- Si el cambio observado precede al dolor o apareció como consecuencia.
- Si está relacionado con la intensidad y distribución de los síntomas.
- Si modificarlo produce una mejoría clínica.
Actualmente no existen puntos de corte ecográficos suficientemente validados que permitan afirmar que una determinada medida del multífido, el transverso abdominal o la fascia toracolumbar constituye la causa del dolor lumbar en un paciente individual.
¿Qué sabemos sobre el multífido lumbar?
El multífido ha recibido especial atención debido a su relación con el control y la capacidad de la región lumbar. En personas con dolor se han descrito:
- Menor área de sección transversal.
- Asimetrías entre ambos lados.
- Cambios en la activación.
- Mayor ecogenicidad.
- Infiltración grasa.
- Diferencias en la rigidez o la respuesta durante la contracción.
Sin embargo, los resultados entre estudios son inconsistentes. Una revisión sistemática con metaanálisis encontró una heterogeneidad del 95 % para las mediciones del grosor del multífido y del 92 % para las variables de dolor lumbar.
Esta variabilidad limita la posibilidad de trasladar las diferencias promedio entre grupos a una persona concreta. Un multífido más pequeño o asimétrico no demuestra por sí solo que:
- Sea el origen de los síntomas.
- Exista una lesión muscular activa.
- El paciente necesite aislar ese músculo.
- Normalizar su grosor vaya a eliminar el dolor.
El hallazgo puede aportar información sobre la morfología y la función, pero debe relacionarse con la exploración, las tareas limitadas y los objetivos del paciente.

¿Y el transverso abdominal?
La ecografía también se utiliza para analizar el grosor y el cambio de grosor del transverso abdominal durante una contracción. Estas mediciones suelen presentar buena fiabilidad cuando se aplican protocolos estandarizados.
No obstante, utilizar el cambio de grosor como una representación directa de la activación muscular presenta limitaciones. El comportamiento del músculo depende de la tarea, la respiración, la postura, la presión abdominal y la estrategia del paciente.
Tampoco existe una única activación “correcta” que deba reproducirse en todas las personas con dolor lumbar. El valor clínico de la ecografía puede encontrarse en observar una estrategia, proporcionar feedback y comprobar su evolución, evitando convertir una medida aislada en un diagnóstico.
¿Puede diagnosticar una hernia discal lumbar?
La ecografía musculoesquelética convencional no es la prueba recomendada para diagnosticar una hernia discal.
Las vértebras crean una barrera acústica que impide visualizar de forma completa:
- Discos intervertebrales.
- Canal vertebral.
- Recesos laterales.
- Raíces nerviosas intrarraquídeas.
- Médula ósea.
Se han investigado aproximaciones anteriores a través del abdomen, pero la imagen puede verse limitada por el gas intestinal, la profundidad de los tejidos, la obesidad y la reducción del espacio intervertebral. Los estudios disponibles son pequeños, heterogéneos y no proporcionan una validación suficiente frente a la resonancia.
Cuando la historia clínica y la evolución justifican estudiar una posible hernia, estenosis o compresión nerviosa, la resonancia magnética continúa siendo la prueba anatómica de referencia. Incluso entonces, sus hallazgos deben correlacionarse con la clínica, ya que muchas personas sin dolor presentan protrusiones o cambios degenerativos.
¿Puede confirmar una radiculopatía?
La ecografía puede visualizar determinados nervios periféricos y sus relaciones fuera del canal vertebral. Sin embargo, no permite examinar adecuadamente la raíz nerviosa dentro del canal ni determinar si está comprimida por una hernia o una estenosis.
Por ello, una ecografía lumbar normal no descarta una radiculopatía.
Su valoración debe apoyarse principalmente en:
- Distribución del dolor y otros síntomas.
- Fuerza segmentaria.
- Sensibilidad.
- Reflejos.
- Pruebas neurodinámicas.
- Evolución temporal.
- Resonancia o estudios electrodiagnósticos cuando estén indicados.

¿Sirve para diagnosticar dolor facetario?
La ecografía permite reconocer referencias óseas relacionadas con las articulaciones facetarias y puede utilizarse para guiar determinados procedimientos. Sin embargo, visualizar cambios degenerativos no demuestra que una faceta esté generando dolor.
La evidencia muestra que incluso la historia clínica, la exploración y otras modalidades de imagen tienen dificultades para identificar el dolor facetario. Los bloqueos diagnósticos controlados se utilizan como referencia en determinados contextos, aunque también presentan falsos positivos y limitaciones.
Es fundamental diferenciar entre dos funciones:
- Guía del procedimiento: localizar referencias anatómicas y mejorar la precisión de la aguja.
- Diagnóstico de la fuente del dolor: demostrar que una estructura explica los síntomas.
La ecografía puede ser valiosa para la primera sin resolver necesariamente la segunda.
¿Y la articulación sacroilíaca?
La articulación sacroilíaca es profunda y no puede visualizarse completamente con ecografía. El Doppler y otras modalidades pueden mostrar cambios vasculares o inflamatorios en estructuras accesibles, y también se ha investigado la laxitud relacionada con el embarazo.
No obstante, estos hallazgos no confirman por sí solos que la articulación sea la fuente del dolor. La ecografía puede aportar información complementaria y guiar intervenciones, pero no sustituye la valoración clínica ni las pruebas adicionales cuando estén justificadas.

¿Puede descartar una patología grave?
No. Una ecografía musculoesquelética lumbar sin hallazgos relevantes no descarta:
- Fractura vertebral.
- Infección.
- Tumor.
- Síndrome de cauda equina.
- Estenosis del canal.
- Compresión radicular.
- Patología inflamatoria profunda.
La detección de patología grave comienza con una historia clínica y exploración dirigidas a reconocer signos de alarma. Si existe sospecha, deben solicitarse las pruebas médicas apropiadas.
En determinados contextos, la ecografía abdominal puede detectar diagnósticos diferenciales vasculares, renales o viscerales. Sin embargo, esta aplicación requiere una formación específica y no convierte la ecografía musculoesquelética lumbar en una herramienta general de cribado.
¿Dónde aporta más valor la ecografía?
La evidencia respalda mejor su utilización en los siguientes ámbitos:
1. Valoración de la morfología muscular
Permite medir el grosor y el área de determinados músculos, estudiar simetrías y describir características del tejido.
2. Evaluación funcional en tiempo real
Puede mostrar cómo se comporta la musculatura durante una contracción o tarea concreta. Esta información puede complementar la observación y la exploración funcional.
3. Biofeedback
Visualizar el movimiento muscular puede ayudar al paciente a comprender y practicar una estrategia. El objetivo no debe ser perseguir una imagen perfecta, sino utilizar el feedback cuando facilite una tarea relevante.
4. Monitorización de la rehabilitación
Las mediciones longitudinales pueden ayudar a comprobar cambios a lo largo del proceso, siempre que se mantenga un protocolo suficientemente estable.
5. Investigación
La ecografía permite estudiar diferencias grupales y observar cómo responden los tejidos a la carga o a una intervención sin exposición a radiación.
6. Guía de intervenciones
Puede aumentar la precisión, localizar referencias y ayudar a proteger estructuras sensibles durante determinados procedimientos. La indicación de la intervención debe basarse en el razonamiento clínico y no únicamente en la posibilidad técnica de realizarla.
Riesgos de interpretar en exceso la imagen
Una explicación excesivamente estructural puede aumentar el miedo del paciente. Expresiones como “músculo apagado”, “atrofia grave”, “fascia pegada” o “asimetría que provoca el dolor” pueden generar una percepción de fragilidad si no están respaldadas por el conjunto de la valoración.
Los hallazgos deben comunicarse con contexto:
- Una asimetría no siempre es patológica.
- Un músculo más pequeño no necesariamente está lesionado.
- Un cambio estructural puede ser una adaptación.
- La imagen no define la capacidad de la persona.
- La evolución funcional puede ser más importante que la normalización ecográfica.
La ecografía debería mejorar la comprensión y la toma de decisiones, no crear un diagnóstico más preciso de lo que la evidencia permite.
Cómo integrar la ecografía en el razonamiento clínico
Una valoración completa debería combinar:
- Historia clínica: inicio, evolución, distribución, factores agravantes y calmantes.
- Cribado de patología específica o grave: signos de alarma y exploración neurológica.
- Valoración funcional: movimientos, cargas y actividades limitadas.
- Exploración física: fuerza, movilidad, sensibilidad y pruebas relevantes.
- Ecografía cuando responda a una pregunta concreta: no como exploración indiscriminada.
- Seguimiento clínico: cambios en dolor, capacidad, confianza y participación.
Antes de utilizar la ecografía conviene formular una pregunta: ¿qué decisión clínica cambiará en función del resultado? Si la imagen no modifica la hipótesis, el tratamiento o el seguimiento, su utilidad puede ser limitada.
Conclusión
La ecografía es una herramienta válida y generalmente fiable para medir y estudiar la musculatura lumbopélvica. Permite observar el multífido, la musculatura abdominal y otros tejidos blandos, realizar valoraciones dinámicas, proporcionar biofeedback y monitorizar determinados cambios.
Sin embargo, no puede identificar de forma aislada qué estructura está causando el dolor lumbar. Tampoco sustituye la resonancia para estudiar una posible hernia o estenosis, ni descarta una radiculopatía ni confirma un origen facetario o sacroilíaco.
Su valor no reside en ofrecer una explicación estructural definitiva, sino en aportar una pieza adicional dentro de una valoración más amplia.
La imagen aporta información. La historia clínica, la exploración, la función y la evolución del paciente son las que permiten darle significado.
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Nota: Este artículo tiene una finalidad divulgativa y formativa. No sustituye una valoración sanitaria individual ni las pruebas complementarias indicadas por un profesional ante la sospecha de patología específica o grave.
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